SOFIAM

Sociedad de Filosofía Aplicada de México

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SOFIAM son las siglas correspondientes a la Sociedad de Filosofía Aplicada de México.

Este proyecto surge de la visión de dos personas por colaborar con el sueño de vivir en un mundo más ordenado y eficiente, pero también más amoroso, libre y solidario. Los fundadores tienen en el corazón entusiasmo por el mundo, y en la cabeza una idea: el inmenso poder benéfico de la verdad.

El proyecto nació hace casi 7 años, como fruto de las experiencias que Raúl Cerda - psicólogo- y Larissa Guerrero- filósofa- habían recogido en el ámbito de la investigación filosófica, la asesoría psicológica, el arte y las religiones. Experiencias que tomaron más de una década de investigación y -porque no decirlo- de inquietud existencial.

El proyecto se apoya en dos ideas sólidas: Posibilidad de una orientación humana y compatibilidad de ésta con la sabiduría.

En SOFIAM, hemos pensado que la palabra "orientar" sugiere que para las personas no hay una dirección predeterminada, pensamos que la sola existencia de la palabra "orientación" ya evoca la posibilidad de elegir caminos; situación que hemos experimentado todos y que no requiere mayor demostración. Ante esto se pensó necesario ofrecer a las personas una opción de guía filosófica menos improvisada, más responsable. La probada necesidad humana de orientación de calidad es uno de los pilares y razones de ser del trabajo de SOFIAM.

En SOFIAM hemos sido testigos de que los dinamismos que componen a las personas no están completamente automatizados y que probablemente (a Dios gracias) nunca lo estén; concluimos entonces, que estas fuerzas biológicas son susceptibles de formación y ordenamiento, lo cual es prometedor aunque esta tarea reclame una ética bien nutrida.
Las palabras anteriores nos dibujan una naturaleza humana esencial que es obvia y a la que no cabe debatir: la libertad.

Pero inmediatamente que pensamos en la libertad surge una pregunta, si necesitamos guía, ¿Cuál será la orientación adecuada?, ¿Acaso una improvisación?, ¿Acaso depender de nuestra propia consciencia?
En SOFIAM no existe duda de la capacidad de autorrealización humana, sin embargo el autoconocimiento no deja de ser un viaje a terrenos resbalosos (eso cualquiera lo sabe) y la principal dificultad es que tendemos a ocultar de nosotros mismos muchas cosas importantes.

Cualquier exploración, por tanto ( y la nuestra no es una excepción), requiere de una brújula, aparato que debe apuntar al Norte. El punto cardinal es importante porque representa una referencia sólida, sino ¿de que serviría la brújula? Contar con un "norte" en la vida aumenta considerablemente nuestra libertad de movimiento y en nada restringe nuestras decisiones; sólo si la realidad dependiera de nuestra mente, tal punto no sería necesario, ya que con sólo pensarlo estaríamos en cualquier lugar deseado, pero no sé si desafortunadamente o no, las cosas no funcionan así.

Quizá vale la pena ir más lejos en nuestra metáfora: ¿Qué tal si el Norte se moviera?, no habría manera de llegar a ningún punto seguro, aún con brújula. Quizá aún pudiéramos prescindir de la brújula y caminar observando la estabilidad del Sol en el día y las figuras de las estrellas en la noche, pero ¿Qué tal si éstas se movieran también a capricho? Seguro tendríamos que conformarnos con ir a cualquier parte, siempre y cuando no ambicionaramos nada especial en la vida. Una cosa es muy clara en este punto de la exposición: ya sea en el vasto mar o en la misteriosa vida humana, aún los mejores navegantes dependen en mucho de la estabilidad del los signos y de la localización de puntos de referencia para tener a bien aventurarse con éxito a lo desconocido. Afortunadamente (en ambos casos) la naturaleza ha provisto tales realidades confiables de donde se pueden extraer la dirección y el sentido, lo cual es verdaderamente maravilloso.
El corolario es simple, las anteriores ideas metafóricas nos ayudan a ilustrar muy bien el fundamento de la labor en SOFIAM: investigar realidades naturales que puedan servir de guías sólidas a las personas para orientarse en sus vidas.

Por otra parte resta decir que sólo la filosofía y la revelación religiosa -la fe- poseen un acopio de sabiduría verdaderamente digno de reforzar la calidad y la excelencia de una orientación. No se niega aquí la posibilidad de que la ciencia y la experiencia ayuden y colaboren estrechamente en esta ardua labor, pero tienden -por principio de operación- a reducir los asuntos a lo particular y cuantificable, negligiendo a menudo aquellas regiones más profundas y vastas de la vida, por lo cual deben ser integradas en una ciencia más estratégica y ancha: la filosofía del hombre.

Hay que decir que en toda aventura existe un riesgo: existe siempre la posibilidad de ser guiados a un pozo y caer allí, y a nadie (excepto a unos pocos locos) les gustaría despeñarse, lo que hace importante elegir una guía de calidad y excelencia.
La filosofía profesionalizada y práctica puede ponderar riesgos, ayudar a localizar "estrellas" y a "seguir el Sol", es capaz de dar luz para disipar la niebla de la vida y proveer valor inteligente para navegar en medio de las tormentas; para ello se vale - como apuntó Platón- sólo del amor al bien y la verdad.

La clase de amor que uno encuentra en la filosofía proviene de una bonita certeza: para vivir es necesaria cierta dosis de sabiduría, y éste servicio es ofrecido por la filosofía práctica. El amable ofrecimiento de tal ciencia madre provoca en las personas un enamoramiento agradecido hacia la sabiduría, lo que satisface mucho el corazón y aleja de las penas.

Porque la orientación es posible en un mundo de realidades y porque vale más la pena elegir la verdad que la falsedad: el amor por la sabiduría se vuelve -hoy más que nunca- una actitud que supera un simple lujo o "estatus" cultural; la filosofía práctica es un necesario apoyo en el arte de vivir.

SOFIAM agradece tu tiempo de lectura y te invita a participar activamente en el esfuerzo.
Cordialmente,

A.F. y Psic. Raúl Cerda.