Profesionalización
Desde el momento en que la orientación filosófica se constituye en un servicio que genera honorarios y se contextualiza mediante un contrato previo, la actividad está sujeta a normativas que van desde la calidad y excelencia en su aplicación, hasta la responsabilidad legal donde haya lugar para ella. Cabe preguntarse entonces: ¿de que se trata exactamente la profesionalización de la práctica? y ¿cual es el papel que desempeña en este proceso nuestra Sociedad?
¿Acaso no es ya un estándar profesional el dedicarse a la cátedra filosófica?, ¿No lo es suficientemente el investigar diversos problemas y escribir tesis filosóficas al respecto? Desde luego que sí. Sin embargo la asesoría filosófica -planteada desde el ángulo del servicio profesional en el mundo del consumo moderno- deberá encontrar un sitio y una modalidad propia de forma para poder responder a la demanda real por parte de los clientes. Sobre este tema podemos decir con toda claridad que la práctica filosófica enfocada como servicio de orientación humana rebasa los límites de la tradicional y muy honorable profesionalización académica, para internarse de una nueva manera (nunca vista) en el mundo del mercado moderno profesional. Ya Marinoff en “Más Platón y menos Prozac” ha dicho que la orientación filosófica actual pretende sacar de “la torre de marfil” a la filosofía para beneficio de muchos, pero en este proceso existen ciertos problemas que exigen solución, por ejemplo: ¿cuál es la relación de la filosofía debe tener con otras ciencias orientadoras, como la psicología moderna y la psiquiatría?, ¿Cuáles son sus objetos propios?, ¿de que manera debe interpelarla práctica filosófica a la ciencia experimental y a la fe?, y más allá: ¿Cuánto es honorable cobrar por el servicio?, ¿Qué contenidos esenciales deberá contemplar un contrato de servicio filosófico? Existe aún uno más inquietante: ¿Cómo regular la práctica en función de desmantelar fraudes y abusos?.
SOFIAM, EDUFAMILIA, E.T.O.R. y la APPA -en forma autónoma- han venido tratando de dar puntual atención a esta problemática y cada institución ha aportado distintas soluciones a la problemática que presenta la profesionalización creciente, no obstante todos los esfuerzos tienen un punto de encuentro: educación, formación y actualización profesional, desarrollo mercadotecnico y de estrategias de difusión; reglas, estatutos y criterios; asociación en colegios, congresos e intercambio institucional; y por último la promoción de certificaciones y titulaciones (incluso universitarias) aceptadas por reconocidos sistemas de educación públicos y privados.